Descripción del curso
¿Se puede escoger ser feliz o más bien se aprende cómo podemos ser más
felices? ¿La felicidad es un estado final de la persona, una meta a alcanzar o
es más bien un dinamismo, un modo de ser?¿Cuándo alcanzamos esos momentos de felicidad?, ¿por qué se esfuman? ¿Será que eso sí es la felicidad o
sólo se le parece? ¿La felicidad consiste en un sentimiento o estado afectivo
personal o más bien es un producto de la inteligencia o tal vez sea propia de
la voluntad? ¿Tiene algo que ver el ser feliz con las actitudes vitales ante las dificultades y pruebas de la existencia humana, como las pérdidas, los fracasos
o el dolor? ¿Cuál será la diferencia entre la felicidad del ser humano y la tranquilidad del ánimo o la serenidad del espíritu, la alegría del corazón o la paz
del alma, la satisfacción personal o la sabia resignación, la esperanza confiada o el consuelo optimista? ¿Qué matices lingüísticos y etimológicos tienen
estos términos para referirse a una esfera de la intimidad personal aparentemente tan secreta y al tiempo tan vitalmente reclamada? ¿Qué comprensiones encontramos en la historia de estos conceptos y cuáles son sus vínculos y
distancias, sus oposiciones y sus composiciones mutuas? ¿Cómo todo ello nos
ayuda e ilumina los caminos personales de nuestras trayectorias biográficas
para ser más felices?
En cualquier caso, tanto la nueva psicología positiva como la psicología humanista, la tradición de la filosofía perenne como la última aproximación fenomenológica a la existencia humana, la última exhortación apostólica del
Papa Francisco como la antropología teológica (Dios-Hombre) o la escatología, apuntan de forma clara hacia la trascendental misión personal de ser
felices: convivir y contagiar en la felicidad como signo eclesial del cielo en la
tierra. Queremos apuntar así en la educación superior a lo que en la tradición
ha sido el cuestionamiento por el fin último de la vida humana, de modo que
el estudiante alcance a vislumbrarse así mismo en estas cosas.
